Cerrón Grande: un proyecto sin Historia

Cerrón Grande: un proyecto sin historia

Existe una diversidad de documentos e informes publicados por organizaciones no gubernamentales y otros tantos estatales, que presentan estudios sobre el embalse Cerrón Grande a partir de la década de los 90s. Entre los temas de interés que fueron objeto de estudio está la calidad de vida de habitantes del lago artificial, la diversidad y ecosistema, y modos de producción que generan ingresos a los pobladores. Pero entre tanto cúmulo de datos que manejan las instituciones de gobierno, que deberían ser esenciales y de mucho resguardo, no existen datos sobre la historia original del Cerrón Grande. Han sido declarados INEXISTENTES por las entidades de gobierno.

Por Luis Barrientos

Convergen distintos puntos de vista y fluyen análisis sobre lo ocurrido hace 40 años en Chalatenango y Cuscatlán, departamentos más afectados por la inundación del lago artificial Suchitlán o Cerrón Grande, como está también nombrada la central hidroeléctrica que originó la inundación. Bueno o malo, benéfico o perjudicial, ese es el criterio que aún no está claro. Alrededor de 12 mil personas fueron desplazadas, y otras 9 mil reubicadas, el otro porcentaje de la población sólo tomó una baja cifra monetaria para poder construir su hogar en otros lugares, o bien, poder migrar al extranjero o a las ciudades vecinas.

El impacto que causó la construcción de la presa, según periódicos oficiales y de circulación nacional en 1975, 1976 y 1977, plasma un punto de vista modernista, guiándose por la narrativa estatal del “progreso es para todos”. Lo cierto es que los reubicados aún consideran que lo ocurrido fue un robo y despojo. Cabe mencionar que en los años 70s, en El Salvador, los gobiernos se identifican y tomaban como modelos de referencia a las gestiones de los gobiernos mexicanos priistas, que según sus ejes estrategias era modernizar el país por completo a cualquier costo. Según el historiador, filósofo y docente universitario Ricardo Ribera, la planificación de la presa hidroeléctrica sobre el cause del río Lempa fue desde hacía unos 20 años atrás, o sea en los años 50, cuando los modelos de exportación cayeron y fracasaron, ahí entro en juego el rol estatal de iniciar con proyectos modernistas a nivel centroamericano.

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Los datos son inexistentes

Alrededor de la historia del embalse no hay documentación oficial que respalde todo el proceso del proyecto. La Comisión Ejecutiva del Río Lempa (CEL) no posee los documentos y datos que amparen las condiciones a través de las cuales se procediera a la negociación, compra y posterior venta de terrenos a los reubicados. De igual manera, no existe un número exacto de personas desplazadas, tampoco de las áreas inundadas. Los pocos dados que hay en la actualidad han sido proporcionados a través de investigaciones que fueron hechas por grupos que manejan y ejecutan proyectos en las zonas de Cerrón Grande. Y han sido recopilados mediante la participación y testimonio de las personas afectadas.

Luis Alvarenga, filósofo y sociólogo, explica que las posibles causas de este extravío de información yacen en el poco interés que los gobiernos de la época pudieron dar al proyecto. “Surgen aristas importantes para poder analizarlas. El proyecto del Cerrón Grande fue el primero que se realizó para generar energía eléctrica, pero es imprescindible que exista una documentación que explique el proceso que se llevó a cabo en los 70s”, agrega Alvarenga.

La creación de una ley que permita acceder a información pública facilita el proceso de conocimiento sobre el manejo que han tenido las instituciones de gobierno a lo largo de la historia contemporánea del país. Pero este medio de comunicación al consultar al Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) sobre la medición de impacto ambiental que causaría la inundación, y consecuencias a futuro, proporcionó una respuesta, y esa fue que dicho ministerio aún no había sido creado y que no maneja dichos datos en sus registros históricos. De igual manera sucedió con el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), a través de su Oficina de Información y Respuesta aclaró que no posee los datos de impacto en la agricultura en la zona entre los años 1973 y 1977, años en los que ocurrieron las tres etapas de llena (inundación). Tampoco poseen información sobre el área total de terrenos cultivados que fueron inundados y el posterior impacto que causaría el cese de producción de cereales, frutas y verduras que eran cultivados en la zona.

Ambos ministerios remiten directamente a la CEL para que pueda proporcionar toda la información, pero la CEL negó a este medio una entrevista con el jefe de la Unidad de Proyectos y se limitó a responder a través de la OIR que tampoco posee datos, pues son muy antiguos. Según la carta de respuesta de la CEL no tiene documentos que indiquen montos de compras y ventas, total de desplazados y zonas inundas. La única información existente y que puede ser consultada en los medios institucionales de la CEL son los datos históricos sobre la construcción de la Central Hidroeléctrica. “Ellos (CEL) debería tener memorias de labores de la época, cheques de pago, convenios con cooperantes internacionales y datos específicos que fueron recopilados, obligadamente, para poder crear la presa y poder realizar la inundación, pero es sorprendente que se excusen con el argumento de no poseer datos”, añade Ricardo Ribera.

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Los problemas de desinformación estatal podrían residir en múltiples factores, entre uno de ellos se puede dilucidar  la falta de capacitación o de información a la población para poder acceder y ejercer su derecho de consultar los datos que maneja el Estado Salvadoreño. Otro factor yace en los oscuros intereses que pudo haber en la planificación de la obra, puesto que históricamente los gobiernos militares en El Salvador estaban bajo el mando de la oligarquía y élites económicas. Luis Alvarenga explica que las negociaciones que hizo la CEL pudieron estar relacionadas con los intereses de los dueños de las extensiones mayores de tierra que quedaron inundadas y que fueron pagadas con altas cifras monetarias. “A la población afectadacon menos recurso la dejaron más pobre, el mismo factor económico y demográfico seguía existiendo. El discurso estatal sólo sirvió para persuadir al resto de la población que estaba muy alejada de esa realidad. Pero las consecuencias directas las asumieron todos los desplazados”, asegura Alvarenga.

Durante el conflicto armado entre 1979 y 1991, los edificios que ocupaban las oficinas de gobierno eran blancos de ataques que realizaba la guerrilla y el edificio de la CEL no fue la excepción. Miguel Saúl, sociólogo y antropólogo, aproxima un análisis ante esa vertiente. Explica que la falta de información podría deberse a dichos ataques, y durante ellos podría perderse información valiosa que contribuyera a comprender la historia del Cerrón Grande. “Me atrevería a decir que mucha información de Estado se perdió durante la guerra, porque las oficinas eran bombardeadas, tomadas o quemaban todos los documentos, pero entre tanta información tendrían que estar archivos que contengan documentación sobre el Cerrón Grande, más allá de aquella información que existe que se limita a establecer parámetros temporales y de proyección de la obra”, añade Saúl.

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Un beneficio a base de pérdidas

En todo proyecto siempre hay un beneficio, aunque implique un desbalance para cierto sector social. No cabe duda que la construcción de la Central Hidroeléctrica contribuyó a que los precios de la energía eléctrica disminuyeran, y que a las arcas del Estado ingresaran fondos provenientes del la venta de este recurso a países centroamericanos vecinos. La edición de El Diario de Hoy del 13 de enero de 1977 anunciaba en un banner de página completa que al siguiente día, 14 de enero, sería inaugurada la presa Cerrón Grande y que al evento asistirían los presidentes de Nicaragua y Guatemala y que pronunciarían su discurso en agradecimiento al gobierno de El Salvador por desarrollar dicho proyecto que beneficiaria a sus países a través de la compra de energía eléctrica barata. “Los gobiernos de corte conservadurista aplaudieron la decisión del proyecto, porque representaría un logro para sus países, pero más allá de ello no analizaron el impacto que causaría a la población local”, explica Luis Alvarenga.

Alvarenga, Ribera y Saúl coinciden con el argumento que tampoco sería previsto el impacto económico que representaría a la población desplazada, en este caso negativo. La población perdió sus cultivos, sus terrenos que servían para abastecer a gran parte del mercado local y centroamericano, tampoco se midió el índice de desempleo que provocaría la inundación de las zonas, puesto que muchos de los desplazados vivían únicamente de la agricultura. “El proyecto, no cabe duda, fue muy renovador  e innovador , pues conseguiría un beneficio para El Salvador, pero la mayor concentración de dinero siempre quedara en las élites de poder”, menciona Ricardo Ribera.

Es en ese sentido, donde este grupo de población estuvo obligada a buscar nuevas fuentes de empleo y planificar sus posibles inversiones y gastos. Otra parte de la población afectada simplemente decidió alzarse en armas y luchar por las injusticias a las que fueron sometidos. Este cúmulo de datos aún es desconocido por la población salvadoreña y la nueva generación. La historia del Cerrón Grande aún es un enigma y pertenece a un paso oscuro que un grupo social completo prefiere evitar abordar, pues implicó un reconfiguración completa de las dinámicas de vida, tanto sociales como económicas, donde las distintas aristas tomaron nuevas dimensiones y direcciones.

El filósofo Luis Alvarenga proporciona una visión actual sobre dichos procesos, y en él se integran elementos psicológicos, demográficos, políticos y sociales. “Existen distintos proyectos similares al del embalse Cerrón Grande, El Chaparral y Cimarrón son unos de los tantos. Sólo se hacen mediciones generales sobre beneficios a la economía y posicionamiento en indicadores de desarrollo, pero no hay elementos suficientes que puedan convencer al Estado de actuar con cautela y someter a un riguroso análisis sobre las posibles reconfiguraciones sociales que se podrían generar”, añadió Alvarenga.

El profesor Ribera alude a que el actual gobierno debe destinar insumos suficientes para realizar una investigación que dé datos acertados sobre el Cerrón Grande y que todos los elementos históricos puedan ser proporcionados a la población salvadoreña; y que también sirva como referente para estar informados sobre las consecuencias que puede causar estos proyectos.

El Estado salvadoreño una deuda histórica con los desplazados del Cerrón Grande, y en un futuro cercano, no pinta que dicha deuda pueda ser saldada. El reconocimiento a los afectados parece que no existe y es por ello que la historia del Suchitlán aún permanecerá en alguna gaveta de oficina pública o simplemente podrá ser borrada con el paso del tiempo y continuarán los argumentos que indiquen que la información sigue siendo inexistente.

¿Cómo se fragmenta la memoria de un reubicado?

Alrededor de la creación del embalse Cerrón Grande convergen magníficas historias de vida, unas dolorosas, llenas de rencor, resignación y otras con tonos claros de esperanza ante un hecho trascendental que marcó la vida de toda una generación y época. Los fragmentos históricos proporcionados por los habitantes desplazados, y posteriormente reubicados configuran un lienzo tejido por memorias perdidas, que ayudan a conocer cómo sucedió y afectó la inundación en 11 municipios al norte del país.

Por Luis Barrientos

Heredó parte de los terrenos que la Comisión Ejecutiva del Río Lempa (CEL) negoció con sus padres para reubicarlos en 1974. Jorge Zepeda vive en una modesta casa que construyó con su esfuerzo, luego de trabajar como periodista en los años 80s. Habitó el cantón Los Zepeda, que el 1974 se inundó por completo. San Francisco Lempa, municipio de Chalatenango lo vio nacer. Entre las anécdotas más significativas de su vida siempre estará el día que tuvo que salir con su familia en un camión del ejercito que proporcionó el Destacamento Militar número 1 de la ciudad de Chalatenango.

La historia de Jorge es una de las tantas que pueden recuperarse, pues fueron más de 13 mil desplazados. Ahora sólo quedan memorias rezagadas en lo más profundo de las mentes de todos los pobladores. Pocos se atreven a dar un punto de vista que explique qué sucedió en realidad antes, durante y después de la inundación. La mayoría de personas desplazadas callan por temor a recordar sus años más felices. Es irónico, pero  cierto. El temor yace en encontrar sus sentimientos sobre aquel triste recuerdo. Nunca se pudo medir el impacto que el fenómeno “modernista” causaría. Y 40 años después los efectos aún son visibles, pero están cubiertos por un velo que nadie se atreve a descubrir.

-Mirá, ¿vos te acordás de aquella broma que hacíamos cuando dijeron que el agua iba a empezar a subir?

-¡Sí! Mirá, Jorge, yo le decía a Atilio que desde la cama íbamos a sacar las cañas y empezar a pescar. La verdad pocos estaban seguros que el agua si llegaría a ese nivel, o más allá de lo que habían dicho.

– Yo no sé. Sólo creo que nos quitaron lo mejor de nuestra infancia y nos obligaron a vivir la juventud lejos de nuestro cantoncito- Conversan Jorge y su primo Eduardo. Ambos reflejan el rostro oscuro de la historia del Cerrón Grande.

No existen datos oficiales, según la respuesta de la Oficia de Información y Respuesta de la CEL, que refleje el dato exacto de personas desplazadas. Es en ese sentido, por el cual varía el valor numérico que sea certero sobre la cantidad de personas que abandonaron sus hogares.  “No sé qué fue lo que pasó. Los gobiernos del PCN estaban en su pleno apogeo y nosotros algo teníamos que hacer para detener la construcción de la presa, pero fue imposible. La respuesta fue única y clara: dejen de joder y mejor vendan sus terrenos para que no se queden sin nada”, expresa Jorge, mientras toma sus lentes con la mano derecha y con la izquierda aprieta sus ojos.

Es evidente que los pobladores del Cerrón Grande iniciaron hasta lo imposible para que no los obligaran a salir de sus casas. Todos coinciden en un punto: fue un despojo, fue un robo. En un periódico de enero de 1977, año de inauguración de la Central Hidroeléctrica Cerrón Grande aparece un enorme banner con el discurso del presidente Armando Molina, en el cual expresa su punto de vista reformistas y mordenista: “Es un hecho que debo aprobar, pues está a favor del progreso de todo El Salvador. No pueden oponerse los salvadoreños a su propio beneficio y estabilidad. La decisión está tomada y ya no hay marcha atrás. El Salvador hoy está en pleno desarrollo”. En un sentido común, según Zepeda, el presidente Molina debió considerar como eje principal de dicha obra “magnífica”, dicho con todo el sarcasmo posible que impregna a Jorge,   a los habitantes reubicados, pues fueron ellos quienes estaban en el limbo de asumir las consecuencias que la inundación iba a causarles.

Convergen elementos sociales, históricos, filosóficos, demográficos, políticos; una gama completa que configura un sentido lógico al suceso, y que según Zepeda hasta causó que la misma dirigencia militar se opusiera, pues tenían familiares que sería despojados de sus tierras. Se basa en ese argumento porque su tío fue uno de esos militares.

-Mirá, Eduardo, mi tío Jorge decía que estaba con el corazón roto y no de amor. Era porque a mi tía Matilde le tocaba salirse también del cantón, y mencionaba que se iban a tener que tomar menos de la mitad de lo que tenían. ¿Te acordás?

-Pero al final siempre terminó cediendo, a él no le convenía estar en contra del juramento militar que hizo, porque estaba quedando como traidor de la patria- agrega Eduardo Zepeda, entre risas.

Lo cierto es que sobre la historia del Cerrón Grande hay una cantidad de historias que pueden ser narradas y plasmadas. “Me gustaría que hicieran una recopilación de historias sobre lo que pasó. Nosotros hasta nos fuimos a protestar allá a la CEL. Nos fuimos con todo y carteles, megáfonos y todo para que nos escucharan, pero ya fue imposible. Iban a decir que éramos subversivos”, agrega Jorge durante su tendida plática con su primo.

Otro de los resultados de este proceso fue la migración a otros países y a la capital. “Fue una diáspora, nuestros amigos y familiares tuvieron que irse, ya no veían futuro acá”, concluye, el ex periodista y ahora administrativo de la Departamental de Educación de Chalatenango.

La recopilación de datos e historias se torna difícil, sobre todo cuando a las personas aún les continúa doliendo aquel 1973, cuando oficialmente empezó a subir el agua. Cantones, caseríos; iglesias, escuelas, unidades de salud, casas, cultivos y sueños aún permanecen bajo las apacibles aguas del lago Suchitlán.

 

Cerrón Grande: el último santuario

El embalse del Cerrón Grande y cuerpos de agua aledaños han sido vistos como polos de desarrollo en donde la producción hidroeléctrica, el turismo y comercio agrícola convivan en armonía. Es en ese sentido, donde reside la necesidad de proteger el medio ambiente de la zona y fomentar el desarrollo y crecimiento económico local.

A orilla de una playa cubierta de ninfas con flores color violeta, se aprecia un espectáculo natural muy impresionante: bandadas de aves migratorias y locales vuelan sobre los cultivos de cereales, agua y la vegetación en busca de alimento. En el kilómetro 67 de la carretera Longitudinal del norte, existe una serie de carteles que señalan que el turista se encuentra cerca del humedal Cerrón Grande, declarado sitio Ramsar. El pacíficocantón Santa Bárbara del municipio El Paraíso en Chalatenango, es la puerta de entrada a los humedales, una  considerable extensión de tierra cubierta de agua, ya sea naturales o artificiales, que forman un ecosistema con su propia diversidad biológica.

Un “sitio Ramsar”, es la integración deuna zona donde el manto acuífero alberga distintos elementos, tales como la diversidad de aves, peces y plantas, y que tiene como objetivo abrazarlo bajo el protocolo internacional del conservación de zonas marítimas y aguas internas de los países miembros. La Convención Ramsar, con sede en Suiza, otorgó el título de humedal al Cerrón Grande en el año 2005, luego de distintos esfuerzos entre el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y organizaciones no gubernamentales que ejecutan distintos proyectos para su conservación y utilización sostenible.La certificación Ramsar fue creada en una convención en Irán, durante 1971, con el fin de proteger los humedales y especialmente a las aves acuáticas.

El embalse Cerrón Grande es el recurso natural más importante del territorio que se está configurando como un referente  social. A pesar de su importancia ambiental no ha sido sino hasta la década de los noventa cuando el embalse es socialmente pensado como un ecosistema proveedor de bienes y servicios ecosistémicos, que incluye provisión de energía hidroeléctrica, control de inundaciones, depuración de aguas, pesca, agricultura, turismo y biodiversidad.

El área de inundación tiene una extensión de 60 mil 698 hectáreas, que abarcan cuatro departamentos: Chalatenango, Cuscatlán, Cabañas y San Salvador. Unas 13 mil 500 hectáreas conforman el lago Suchitlán, que es el corazón palpitante de la zona, datos según un documento del Ministerio del Medio Ambiente, publicado en el año 2007.

En una entrevista proporcionada a una televisora local en el año 2005, Nicolás Salume, presidente de la CEL expresó que la certificación Ramsar ayuda a mantener en buen estado presas hidroeléctricas,  como la del Cerrón Grande, en este caso. El presidente de CEL agregó que el proyecto mantendría las riberas en una situación aceptable para la generación hidroeléctrica.

En la actualidad los pobladores del embalse manifiestan que dichas acciones estratégicas de conservación quedaron rezagadas, pues fue en los primeros tres años en los que se dio importancia al control de aguas, aves y diversidad silvestre. Juan Díaz, pescador y habitante del cantón Santa Bárbara manifiesta que sostuvieron reuniones con representantes del  Ministerio del Medio Ambiente, durante la gestión de Antonio Saca y que lo acordado fue integrar a todos los habitantes del Cerrón Grande a los distintos proyectos de conservación y cuidados. “Fueron como seis reuniones, pero luego ya no hubo ninguna continuidad a todo el proyecto. Nos dijeron que mandaría  o contratarían personal para que fueron cuidadores, y actualmente no hay ninguno o si los hay no son de acá o no hacen su trabajo”, agregó Díaz.

El área protegida, de 1,000 manzanas de extensión, es vigilada y resguardada sólo por tres guardarrecursos del Ministerio de Medio Ambiente.La falta de más personal no permite evitar la cacería de los animales que habitan la zona, así como la extracción de huevos de los nidos para consumo o comercio.”La presión que tiene el medio ambiente es grande, el depredador recoge los huevos y los vende, no es legal, pero sí la gente se arriesga para obtener un poco de dinero”, asegura Víctor Manuel Monge, guardarrecursos del MARN.

La formación del embalse del Cerrón Grande es un elemento que ha estructurado al territorio en términos espaciales y sociales, se originó con la construcción de la central hidroeléctrica del mismo nombre y abarca una superficie de 135 km. El embalse dio lugar a la inundación de buena parte de las mejores tierras cultivables de Chalatenango, además 13 mil pobladores fueron obligados a abandonar sus lugares de vivienda y cultivo, por los cuales recibieron bajos montos de indemnización.

En los últimos cuatro años, el territorio tiende hacia un aspecto de deterioro, como consecuencia directa deluso excesivo de los recursos naturales, la destrucción y fragmentación del hábitat debido, principalmente, a la ampliación de zonas agrícolas, ha producido cambios drásticos en los ecosistemas de los 11 municipios que albergan las aguas del Suchitlán, ocasionando que importantes poblaciones de fauna y flora hayan disminuido y se encuentren amenazadas o en peligro de extinción, datos según el último informe realizado por PROCHALATE en el 2013, asociación que vela por la protección del cauce del río Lempa en el territorio Chalateco.

Este humedal también es un potencial turístico, debido a que sirve de hogar para animales en extinción y 193 especies de aves, entre ellas seis variedades de patos. El MARN identificó 17 especies de peces, 14 de ellas de origen nativo. Son miles entre una gran cantidad de especies, de las que alrededor de cinco son migratorias y otras 160 locales. Las más comunes son los pichiches y las garzas blancas, garrapateras, rosadas y grises.

El lugar es considerado uno de los nichos ecológicos más importantes del país, donde se alberga y se reproducen gran cantidad de aves que se encuentran en peligro por el constante acecho de los depredadores y la contaminación del agua y el suelo. “Nuestro trabajo es disminuir la depredación, sin embargo es bien difícil debido a la falta de personal, antes éramos ochoguardarecursos, ahora somos tres”, añade Víctor Monge.

Aunque son pocas las reservas naturales, es evidente el poco interés de las autoridades correspondientes para evitar que más especies desaparezcan paulatinamente. Además de descuidar los controles ambientales que mantenían en la zonas y que están obligados a realizar cuando asumieron el compromiso del Protocolo Ramsar.  La población de la zona cree firmemente que la organización comunal podrá contribuir al cuido y conservación, pues aseguran que son ellos mismos los beneficiados de las bondades que el lago les da.

 

Vivir a la orilla del lago es el único consuelo que tienen tras haber dejado su tierra prometida y sus años más felices. Son parte de los miles de desplazados hace 40 años por la construcción de la presa hidroeléctrica Cerrón Grande, la más grande del país. Les ofrecieron alternativas: ser reubicados y poblar tres colonias contiguas al embalse que inundó sus cantones o tomar una cantidad monetaria por la compra de sus terrenos y construir en otro lugar una nueva vivienda. No hubo opción de quedarse. El agua subió hasta desaparecer todo.

La inundación a causa de la construcción de una nueva central hidroeléctrica en El Salvador generó nuevas dinámicas de vida para los habitantes del sur del departamento de Chalatenango y norte del departamento de Cuscatlán. Convergen nuevos elementos que reconfiguraron sus estilos de vida y relaciones sociales con los demás afectados por la “llena”, término que usan los desplazados para referirse al suceso que marcó el nuevo rumbo de sus caminos.

El maíz estaba en su punto ideal para ser cortado, pero se malogró. Se pudrió. 39 años después, aquella milpa perdida bajo el agua es un cuadro que se ha conservado en la memoria de quienes lo sembraron. Dionisia y José Landaverde, hermanos de 57 y 49 años respectivamente. Cuentan aquel momento mientras descansan de su jornada laboral. Dionisia desde su hamaca y José sentado a la orilla de una cama que está junto a la pared de ladrillos rojo. Es la casa que recibieron cuando, en contra de su voluntad, abandonaron el anhelado cantón Areneros, en Chalatenango, uno de los tantos pueblos inundados.

-Nos salimos de nuestras casas allá en Areneros porque los de la CEL pasaban todos los días en un carro con parlantes diciendo que era mejor que negociáramos y recibiéramos unos centavitos por los  terrenos, pues el agua iba a subir y todo se nos iba a perder. Nos obligaron a vender, aunque nuestra familia salió beneficiada – habla Dionisia mientras jala un mecate que cuelga desde el techo para mecerse su hamaca.

Los expertos dicen que el maíz necesita de lluvia y constante humedad en la tierra donde está plantado, pero en el terreno de los Landaverde  el agua subió demasiado. El cantón Areneros fue sepultado por un cúmulo impresionante de agua proveniente del río Lempa, Tamulasco, Grande de El Paraíso, Azambio y Sumpul. La proporción de agua es cinco veces mayor al lago de Ilopango en San Salvador, convirtiendo al Cerrón Grande en el cuerpo de agua más grande de El Salvador.

Según la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), en total fueron afectados 11 municipios, 9 de Chalatenango: Tejutla, El Paraíso, San Rafael, Santa Rita, Chalatenango, Azacualpa, San Francisco Lempa, San Luis del Carmen y Potonico; uno de Cuscatlán: Suchitoto; y uno de San Salvador: El Paisnal.

Dionisia y José sólo son dos de las miles… ¡Miles! de personas que resultaron afectadas por la mayor reubicación en la historia de la CEL. En la actualidad continúan habitando la casa que, no muy convencidos, aceptaron tomar. La vivienda está en una de las tres colonias “Reubicación”, nombre poco acorde a la revolucionaria arquitectura urbanística con que construyeron dicha área. Son tres colonias en forma de círculo. Desde el cielo parecen tres enormes ruedas de carreta que con el paso del tiempo quedaron abandonadas junto al lago.

-Nomás vinimos aquí nada nos gustaba. Pensábamos que nunca nos íbamos a acostumbrar a estas casas- dice José luego de abrir una lata de Coca Cola- extrañábamos mucho Areneros, y aún seguíamos sin creer que de nuestras tierras ya no quedaba nada, sólo aquel recuerdo de infancia y juventud. Su hermana lo interrumpe y agrega “hasta Suchitoto ya nos quedó bien lejos, allá atrás de este montón de agua”.

Uno de las remembranzas más significativas de los vecinos de las colonias “Reubicación” fue la visita que hizo a la zona Anastasio Somoza, dictador nicaragüense.  “En el 77 la represa fue inaugurada oficialmente, y hasta un presidente vino, era el de Nicaragua porque decían que le interesaba conocer el proyecto”, agrega Dionisia.

Cada vivienda fue valorada según el número de terrenos o inmuebles que tenían en las áreas que fueron inundadas. Los precios tenían variaciones, algunos iban desde los 200, 4200 y hasta 6000 colones los terrenos más caros, según la CEL. Pueden parecer impresionante los precios por los que fueron movidas las personas que habitan Reubicación,  y a otros les parecerá risible o difícil de creer. Hoy nadie imaginaría comprar un inmueble por la cantidad de 500 dólares o más, que es aproximadamente la equivalencia de colones a dólares. Es por ese motivo que muchos califican la acción del gobierno en turno como un “despojo” de sus pertenencias. Literalmente un robo que estuvo muy bien sustentado bajo argumento de generar electricidad a bajo costo, cuestión que beneficiaría a todos los salvadoreños.

Cada Reubicación posee un enorme y redondo parque central, donde cabe una cancha de fútbol, la escuela y la iglesia católica. Desde allí surgen 16 pasajes que terminan en otra calle más amplia que completa una circunferencia de 1,571 metros exactos de longitud. Las casas y los terrenos adquieren una dimensión mayor a medida que se alejan del centro, y varía el precio por el que fueron adquiridos. “Aquí no se pierde uno. Si usted camina para allá viene a salir otra vez acá”, bromea José. Las calles no tienen nombres, pero todos se conocen, pues fueron ubicados según el sector o cantón al que pertenecían.

¿Qué fue de los cañales…?

Santa Bárbara actualmente es un cantón perteneciente al municipio de El Paraíso. El pequeño pueblito está ubicado justo a la orilla del embalse Cerrón Grande. Las personas que hoy lo habitan son desplazados por la inundación. Vivían en los sectores aledaños al ingenio Santa Bárbara y el casco de la hacienda que lleva el mismo nombre. Este cantón lo conforman personas que trabajaron en el ingenio, el cual dice que era uno de los más importantes a nivel nacional. A 100 metros de “la casona” Santa Bárbara, lugar que era el centro administrativo del ingenio, pasa la antigua calle que conduce a Chalatenango, medio kilómetro después desaparece entre canoas, ninfas y sobre todo mucha agua.  Cabe señalar que la principal fuente de producción e ingresos económicos luego de la construcción del embalse fue la pesca. El 80% de pobladores mantiene su hogar a base de la pesca artesanal.

39 años después de la llena total, el panorama es idéntico al resto de territorios afectados. Muchos sólo alcanzaron a salir de sus casas con lo que llevaban puesto. Algunos sacaron su ganado, muebles  y electrodomésticos, y a otros les fue un poco mejor porque lograron la cosecha en sus terrenos.

Bajo la sombra de un árbol de tamarindo descansan los pobladores. Aguardan afuera de la Casa Comunal, pues representantes de la Alcaldía de El Paraíso llegarán a entregarles víveres a los pescadores. Rafael Landaverde era uno de los que estaban a la espera. Un hombre alto, de piel blanca que el sol ha ido tornando oscura y de edad avanzada. Él fue uno de los tantos hombres que trabajó en la producción agrícola de la hacienda y el ingenio.

-La mejor tierra del país se perdió. Quedó cubierta de agua y bajo el agua quedaron los cañales, las milpas, sandillales y la fuente de trabajo: el ingenio- cuenta Rafael mientras pierde su mirada en el paisaje – La familia Bustamante administraba todos los bienes y la producción de Santa Bárbara. Mucho dejamos toda la vida en el ingenio y en esas tierras que ahora ya no existen. Después de la llena los dueños se llevaron el ingenio para Nejapa.

La nostalgia es recurrente en las personas desplazadas. Recuerdan lo sucedido como si hubiera sido ayer. Algunos se atreven a decir que si toda el agua bajara regresarían a poblar las tierras que fueron suyas y se las quitaron para construir el embalse. Imposible. Saben que jamás volverán sus días felices y productivos.

Aún existen vestigios del Ingenio Santa Bárbara, quedan las plataformas donde estaban ubicados los motores generadores de energía para la planta procesadora, están intactos los pilares de la entrada, las pilas, parte de las chimeneas y bodegas. Todo el trabajo se perdió. Los dueños de la hacienda fueron beneficiados por la enorme cantidad que la CEL pagó por todas sus tierras, los afectados fueron todos los pobladores: se quedaron sin viviendas, sin trabajo, sin cultivos y sin ánimo de continuar habitando la zona.

Al recorrer el sector donde estaba ubicado el ingenio es difícil notar dónde está ubicada cada parte, pues el nivel de agua y ninfas es mucho que se observa poco. Rafael entre risas considera que todo fue una manipulación para vender las tierras, dejarlos fuera del proyecto de reubicación  y no darles indemnización. Una escuela funcionaba a la orilla de la antigua carretera que conducía a Chalatenango, hoy está habitada por una familia. En los muros de la estructura aún están conservados distintos mapas que fueron pintados para ambientas las aulas. En dichos mapas aún no estaba pintado el cúmulo de agua más grande de El Salvador, el Cerrón Grande.

Victor Manuel Lemus Torres es otro habitante de Santa Bárbara recuerda que el día que los sacaron les prometieron darles un lugar donde vivir. “Mintieron. Nos prometieron una casa y no nos dieron nada. Muchos sólo salimos con nuestros padres y hermanos. Ahí quedó hundido todo: casas, iglesia, cementerio clínica y caminos”, manifiesta mientras recuerda más elementos de los ocurrido.

Según datos de la CEL, un 20% de los pobladores de los sectores inundados decidieron no negociar y no vender los terrenos y casas. Los que no aceptaron las ofertas de la CEL se quedaron sin nada, sin dinero por indemnización y sin terrenos. Era evidente que el agua no iba a perdonar a nadie, seguiría subiendo cubriendo todo lo que estaba a su paso.

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Algo tienen en común todos los pueblos y cantones inundados: el anhelo de su tranquilidad, estabilidad y todas sus estructuras hundidas. Santa Bárbara, Colima, La Coyotera, El Trozo, San Francisco, El Dorado, Areneros, San Juan del Hoyo, Los Zepeda, Santa Teresa, Los Hernádez, Copapayo y Santa Cruz son apenas unos cuantos cantones y caseríos que conforman la lista de pueblos inundados. Muchos de estos lugares estaban ubicados en las planicies del río Lempa y otro en las cúspides de los cerros, que hoy son isletas que sobresalen entre el enorme cúmulo de agua y que únicamente están habitadas por aves migratorias y reptiles que lograron sobrevivir a la inundación.

La familia del militar y la convulsión social

La inundación de los pueblos causaría graves problemas sociales en El Salvador. Estallaron las huelgas, las protestas y surgieron con más fuerza los grupos revolucionarios que conformarían la extinta guerrilla.

La población desplazada inconforme y despojada se organizó para exigir que se detuviera la construcción de la presa y la posterior inundación. La respuesta de la CEL y del gobierno de Adalberto Rivera fue clara: nadie puede detener el proceso de desarrollo para el país. Los protestantes empezaron a ser tachados de comunistas, guerrilleros, subversivos que querían sólo buscaban desestabilizar al gobierno. La represión fue un hecho, muchos desaparecieron, otros torturados y, lo peor del caso, asesinados. Los que sobrevivieron se unieron a las filas de la guerrilla.

Rosa Navarrete es una anciana que habita San Francisco Lempa, al sur de la ciudad de Chalatenango. Al igual que el resto también fue reubicada y obligada a salir. Con su esposo perdió todo lo que tenían. No les pagaron ni la mitad de lo que tenían. “No nos quisimos ir para Reubicación porque sentíamos que no iba a ser lo mismo y quedaba muy lejos. Mi esposo y yo nos queríamos quedar más cerca nuestra casita que quedó bajo de agua”, cuenta Rosa mientras su voz se corta.

-Sabe, mi esposo tuvo que irse a sembrar hasta el otro lado de Copapayo, de lado de Suchitoto. Sembró frijol porque ni para comer nos quedó a nosotros. Sólo para venirnos para acá (San Francisco Lempa). Luego todo se puso feo pues empezaron a desaparecer muchachos y personas que nosotros conocimos porque decían que eran guerrilleros que estaban en contra del gobierno- cuenta Rosa mientras está sentada a la orilla de su cama.

Navarrete fue una de las que protestó frente a la CEL en 1973, justo cuando empezó a llenarse la primera etapa que comprendió desde Potonico hasta San Juan del Hoyo en San Luis del Carmen. Creyeron que aún podían hacer algo para frenar aquella devastadora pesadilla. Rosa Navarrete habitó el cantón Los Zepeda, recuerda aquella tarde de diciembre cuando camiones con soldados del Destacamento Militar N1 de la ciudad de Chalatenango llegaron para ayudarlos a sacar sus pertenencias y evacuar la zona. Existe en su mente la imagen de personas que fueron a sacar de sus sepulturas a sus seres queridos para ir a enterrarlos a un lugar que no quedara bajo de agua. En San Francisco Lempa el cementerio quedó inundado, la única posibilidad de ver la cúspide de los mausoleos y lápidas es en veranos cuando el agua ya ha bajado, lo mismo sucedió con el campo santo de Santa Teresa en San Luis del Carmen.

***

El cantón Los Zepeda estaba conformado por personas que en su mayoría eran familiares. De esta localidad era el general retirado y miembro de la muy famosa “Tandona” Juan Orlando Zepeda. Sus sobrinos que aún habitan Chalatenango comentaron que el general se opuso a la inundación, pues todo su patrimonio familiar se iba a quedar bajo el agua.

Jorge y Eduardo Zepeda son primos. Vivieron su infancia y parte de juventud en el cantón Los Zepeda, como el resto de personas, también recuerdan y describen la zona como un lugar único y encantador. Eran muy jóvenes, pero entendían lo que sucedía.

-Muchos no creían que todo se iba a inundar. Ni nosotros, pues sabíamos que estaban construyendo una presa, pero quedaba muy lejos. Pocos se imaginaron que el agua iba a llegar hasta acá, pues de Potonico hasta San Francisco Lempa hay como 20 kilómetros de distancia. Pero todos se equivocaron, Los Zepeda quedó inundado y el agua llegó muchísimo más lejos, hasta las zonas de Los Chilamates en Nueva Concepción- Cuenta Jorge mientras da un sorbo de cerveza. Su primo Eduardo lo interrumpe- ¿Te acordás, Jorge, que pasaban perifoneando que todos tenían que salir de las casa? Nosotros hasta chiste hicimos de eso. Perdónenme, pero lo que el gobierno hizo fue robar las tierras, las mejores de todo el país- concluye mientras se quita sus lentes y los limpia en la parte inferior de su camisa.

El instituto público de Reubicación 2 tiene el nombre del general “Juan Orlando Zepeda”. La vieja estructura que ahora alberga a cientos de jóvenes un día funcionó como la base de la Guardia Nacional en Chalatenango. Los sobrinos de Zepeda comentan  que su tío contribuyó a que el Estado trasladara la base del cuerpo de seguridad y funcionara en dicha instalación el centro de educación media. “Nuestro tío sentía una deuda con todos los habitantes desplazados. Él creía que no pudo hacer nada para evitar la inundación, pero podía hacer algo que beneficiara a la comunidad desplazada, y esa idea era la del funcionamiento del instituto”, comenta Jorge Zepeda.  Nombraron la institución en honor de aquel hombre que hizo posible el acercamiento del bachillerato a las zonas que recién habían sido pobladas.

Actualmente Jorge Zepeda vive en uno de los terrenos que su familia adquirió con el dinero que la CEL les dio luego de la venta de sus terrenos en el cantón Los Zepeda. Contenta que la inundación y desplazamiento de habitantes originó una diáspora, pues muchos de sus familiares optaron por ir a vivir a la capital u otras ciudades, o incluso migrar al extranjero.

-Eduardo, ¿te acordás que Conchita y Raúl se fueron para Australia con el pisto que le dieron a mis tíos?- le dice Jorge a su primo, mientras entusiasmado sigue narrando sus memorias del Cerrón Grande.

Respondió Eduardo: -Parte de la desintegración de la familia fue a causa del despojo y desplazamiento. Lastimosamente, Jorge, estábamos muy bichos para entender la magnitud del suceso que nos vino a desgraciar por completo la vida.

***

Todo falló para los que abandonaron su vida y se acoplaron a una nueva. Todo quedó atrás, como un tormento que los seguirá por el resto de sus días. Recordarán por siempre el suceso que determinó el nuevo camino a seguir, el sendero por el cual jamás quisieron pasar. Para los pobladores de los sectores inundados todo fue una trampa, una mentira de la cual participaron muchos y tejieron redes para que todos cayeran y cedieran al proceso que, según argumentó el gobierno, les favorecería. Aún lamentan la manera tan cruel que los obligaron a vender sus casas, sus terrenos. Extrañan esos días donde todo era difícil, pero vivían mejor. Pueblos completos quedaron bajo el agua, junto con sus cementerios, escuelas, viviendas y animalitos.

Los reubicados aún tiene una discusión en su mente: ¿valió la pena? Sin duda será una pregunta que por el resto de su vida tratarán de aclarar.

Todo terminó. El retorno dio al mismo lugar.

Dionisia Landaverde llevó por última vez a su mamá a Areneros, o al menos al único vestigio que queda de él, un cerro cubierto de árboles y pájaros. “Ella sé que se sintió feliz. La llevamos en lancha hasta allá (Areneros) y pudo recordar los momentos que vivió y que quedaron bajo de agua”, expresa Dionisia con los ojos llenos de lágrimas.

La madre de Dionisia murió 12 días después de haber recorrido por última vez aquel espacio donde tuvo que quedar sepultado todo el esfuerzo y de donde nació una nueva oportunidad para empezar. “Fue difícil adaptarnos al cambio. Mi mamá murió y aún soñaba con regresar hasta allá, aunque fuera en lancha y logramos cumplirle”, dice José mientras se alista para llevar a su hijo a la escuela.

-Mire, acá nada se perdió. Aún teníamos esperanza y sueños. Teníamos las ganas y ánimo de trabajar y poder demostrar que éramos personas capaces de todo frente a problemas serios. Mi mamá luchó bastante después de salir y ser reubicada. Creo que nosotros vamos a tener para siempre ese sentimiento de decir “pudimos vivir en un lugar lindo” y tenemos ese deseo de contarle a los demás qué fue lo que pasó ahí y qué fue lo que quedó ahí perdido- concluye Dionisia mientras ve el reloj colgado en su pared de ladrillo.

Son las 12:30 del mediodía. Así como aquel día de abril cuando sacaron de Areneros a los Landaverde. Horas inciertas que jamás podrán olvidar.

-Sabe qué, si perdido algo ahí… unas mazorcas de maíz que ya no pudimos alcanzar a cortar con mi hermano y mi papá- se despide entre risas y apretones de mano Dionisia Landaverde. Dice adiós y repite que un día de estos volverán a aquella isla donde aún quedan trozos de su vida pasada.

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2 comentarios en “Cerrón Grande: un proyecto sin Historia

  1. Gracias por escribir este interesante articulo sobre el desplazamiento causado por la construcción de la presa eléctrica. Mis familiares, que ahora viven en Reubicación 1, fueron afectados por este proyecto y perdieron mucha tierra. He estado tratando de recopilar e investigar la historia de Chalatenango y de mi familia (aunque es difícil desde EUA) y esto ayuda bastante, gracias!

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    1. Es un gusto que usted haya leído nuestro material. Y le agradezco el interés que tiene en la historia del Cerrón Grande. Le dejaré mi correo para que pueda consultarme algún dato o información relacionada al fenómeno de desplazamiento. Mi correo es Luchobarrientose@gmail.com

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